Estaba yo tan confundido
La felicidad no es alegre.
Hoy descubrí que las primeras tres letras de tu nombre son las mismas primeras tres letras de mi nombre, pero invertidas. No descubrí un nuevo palíndromo, más bien la forma de escribir con nuestros nombres el Yinn Yang.
En ti Señor, deposito todo. En ti mis alegrías nadan y uapau podría ser el grito de victoria, si tú me lo permites. En ti todo, Señor, sin ti nada. Contigo la vida y el amor. Contigo mi Fé. Contigo mi vida y mi destino, a tus pies y en tus manos ¡Oh gran Señor!
"Quien no está preparado para perderlo todo, no está preparado para ganar"
Facundo Cabral
Desayunaba dos sábados atrás en un puesto callejero de barbacoa, un plato de consomé y tres tacos suaves. Luego de un rato de silencio una plática fabulosa tuvo lugar.
Comensal 1.- [Al pinche] ¡¿Por qué no hablas cuñao?! ¡Cuéntame algo! Para amenizar el desayuno.
Dueña del puesto.- Uh no, este no habla. Es que está enamorado.
Comensal 1.- ¡Estás enamorao! ¡Yo también! Chócalas, cuñao [chocan las manos]. ¿Verdá que es lo mejor estar enamorao, compadre?
Comensal 2.- [A punto de morder un taco] Ey.
Dueña del puesto.- Pero usted habla, éste en cambio ni pío dice.
Comensal 1.- Es que cuando uno está enamorao no más anda pensando. Se la pasa uno en las nubes ¿Verdá, compadre?
Comensal 2.- Ey.
Comensal 1.- ¿Y te hace caso cuñao?
Dueña del puesto.- No sabe.
Comensal 2.- Oh, pus dígale cuñao. Si no ¿Cómo se va enterar?
Comensal 1.- Bueno, que dicen que lo bonito es lo que siente uno ¿No?... No tanto si le hacen caso o no.
Comensal 2.- Pos sí, pero hay que tener cuidado con los enamoraos, porque luego por enamorados se andan hasta matando ¿No? Ya ve, cuando no les hacen caso.
Dueña del puesto.- Como en la novela que se aventó.
Comensal 1.- Pus no se cual novela sería, pero pus al final de cuentas la vida siempre es una novela... Mire esa señora de allá, va regañe y regañe a su chamaco, que por qué no puso atención y no sé qué tanto, como quien dice va haciendo una novela y el pobre niño a duras penas tiene dos años ¿O como cuantos tendrá compadre?
Comensal 2.- Pos mire, yo le calculo unos dos y medio.
Comensal 1.- Fíjese, dos años y medio y la señora ya le está enseñando que la vida es una novela muy amarga. Pero que se espere a unos cinco o seis años a ver si le sigue aguantando sus novelas.
Dueña del puesto.- Pues sí.
Comensal 2.- Pos sí.
Comensal 1.- Pus sí... Pero hasta ese chamaco un día se va a enamorar, así como usté cuñao y se va a dar cuanta que estár enamorao es lo mejor ¿Verdá, compadre?
Comensal 2.- Ey. Pero pos ojalá que se enamore mejor la señora pa que su novela se haga menos histérica.
Veronesse.- ¿Cuanto le debo, Señora?